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“El trigo domesticó al Homo Sapiens”

El historiador Yuval Noah explica en su libro ‘De animales a dioses’ la importancia vital de este cereal en la evolución de la especie humana.

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Publicación: 05/11/2015
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“La Revolución Agrícola fue el mayor fraude de la historia. ¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron ellas las que domesticaron al Homo Sapiens, y no al revés”, afirma Noah en su libro. Hace diez mil años el trigo era sólo una hierba silvestre, una de las muchas que poblaban la Tierra y, como explica Noah, “confinada a una pequeña área de distribución en Oriente Próximo”. De repente, unos milenios después, empezó a crecer por todo el planeta. “Según los criterios evolutivos básicos de supervivencia y reproducción, el trigo se ha convertido en una de las plantas de más éxitos de la historia”, sostiene el polémico historiador, que pone en entredicho algunos de los mitos de la evolución.

En las grandes llanuras de Estados Unidos, por ejemplo, donde hace diez mil años no crecía ni un solo tallo de este cereal, hoy se pueden recorrer centenares de kilómetros sin encontrar ninguna otra planta. Es el paradigma del monocultivo. Y es que según los últimos datos de la FAO, el trigo cubre ya 2,25 millones de kilómetros cuadrados de la superficie del planeta. La pregunta es: ¿cómo pasó esta hierba a convertirse en ubicua? Noah tiene la respuesta: “lo hizo domesticando al Homo Sapiens”. Lo dominó: durante milenios los humanos de muchas partes del mundo no hacían otra cosa desde que salía el sol hasta que se ponía que cuidar los trigales y asegurar su bienestar. Como explica Noah, no era una tarea fácil. “Al trigo no le gustan las piedras y los guijarros, de modo que el hombre primitivo se partía la espalda despejando los campos”, escribe el historiador en su libro ‘De animales y dioses’.

Tampoco le gusta compartir nutrientes, agua y espacio con otras plantas. Así que hombres y mujeres se afanaban en limpiar los campos de las malas hierbas bajo un sol abrasador. Esclavos de la planta, los sapiens tenían que estar atentos para eliminar gusanos y plagas, le llevaban el mejor agua de sus manantiales para regarlo e incluso recogían heces de animales para mejorar su alimentación. Visto así, la teoría de Noah no suena tan descabellada. Aunque la especie humana tuvo que adaptarse de forma traumática a los caprichos del cereal. “El cuerpo del hombre del Neolítico no estaba preparado para realizar estas tareas. Estaba adaptado a trepar a manzanos y a correr tras las gacelas, no a despejar los campos de rocas y cargar barreños de agua. La columna, las rodillas, el cuello y el arco de los pies pagaron el precio. Los estudios de esqueletos antiguos revelan que la transición a la agricultura implicó graves dolencias: discos vertebrales luxados, artritis y hernias”, sostiene Noah.

El cuidado del trigo exigía tanto tiempo que los nuevos agricultores agrícolas se vieron obligados a instalarse de forma permanente junto a sus campos y abandonar su vida nómada. Eso cambió por completo su desarrollo. “No domesticamos el trigo. El término domesticar procede del latín ‘domus’, que significa casa. ¿Quién vive en una casa? No es el trigo, es el sapiens”, argumenta Noah para justificar su teoría.

Con el paso a aldeas permanentes y el aumento de los alimentos, la población empezó a aumentar. Dejar el estilo de vida nómada permitió a las mujeres tener un hijo cada año, ya que gracias a las gachas y el avenate éstos se destetaban cada vez a edades más tempranas. Pero al haber más bocas desaparecieron los excedentes de cereal de manera que tuvieron que plantarse más campos. Y así empezó la expansión del trigo por el mundo, una tendencia que permanece intacta en nuestros días. El auge de la agricultura fue un acontecimiento gradual que se fue extendiendo a lo largo de siglos y milenios. Una banda de Homo Sapiens que recolectaba setas y nueces y cazaba ciervos y conejos no empezó a labrar los campos de repente. Fue un cambio lento y por fases que tuvo una incidencia vital en la evolución de la especie.

Fuente:

De cómo el trigo domesticó al ser humano



 

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