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Se buscan cereales perennes

Un equipo de científicos intenta retroceder diez mil años en el tiempo para volver a cultivar trigo, arroz y otros granos perennes

Información

Publicación: 28/09/2015
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Como explica Robert Kunzig, autor del artículo ‘Cereales: una solución perenne’, “los seres humanos hicimos una elección involuntaria pero fatídica hace diez mil años, cuando empezamos a cultivar plantas silvestres: elegimos cultivos anuales”. En la actualidad, los principales alimentos de la humanidad (trigo, arroz y maíz) proceden de cultivos anuales que brotan de semillas, producen nuevas semillas y mueren cada año. Un proceso que los fitogenetistas están dispuestos a cambiar debido a las grandes ventajas que ofrecen las plantas de grano perenne.

“Entonces, ¿por qué domesticamos los cultivos anuales?”, se pregunta Edward Buckler, genetista del maíz de la Universidad de Cornell. Él mismo ofrece la respuesta: “no porque fueran mejores, sino porque los agricultores del Neolítico los mejoraron rápidamente: alargaron las semillas al volver a sembrar año tras año las de las plantas que mejor se adaptaban a cada zona de cultivo. “Pero la mayoría el mundo está constituido por vegetación perenne”, matiza Buckler. La diferencia es que las plantas que no morían no se beneficiaron de este tipo de genética selectiva porque no necesitaban volver a ser plantadas. Su ventaja natural se volvió una desventaja.

El objetivo ahora es que los cultivos de cereal aprovechen los beneficios de las plantas perennes: su sistema de raíces espesas y profundas las hace más resistentes y eficientes para aprovechar los recursos sin sacrificar la producción de cereales que milenios de selección han reproducido en las plantas anuales. “Como los cultivos de raíz anual en su mayoría aprovechan sólo la superficie del suelo, esa capa se agota, obligando a los agricultores a depender de grandes cantidades de fertilizantes para mantener una producción alta”, asegura Jerry Glover, portavoz del Instituto Tierra.

Las plantas anuales también estimulan el uso abundante de pesticidas o el labrado de la tierra porque hacen que el suelo quede sin vegetación gran parte del año. Eso permite que las malas hierbas lo invadan. Sobre todo, dejar la tierra descubierta tras la cosecha y ararla en la temporada de siembra erosiona el suelo. Y este tipo de técnicas empiezan a tener un efecto devastador: en Estados Unidos la pérdida de suelo supera el 40% desde los años ochenta. Los cultivos suelen absorber la mitad de los fertilizantes, la otra mitad se convierte en agente contaminante. En la zona central de Estados Unidos, por ejemplo, este excedente se va hacia el Golfo de México, donde fertiliza las algas que causan una extensa zona muerta alrededor de la desembocadura del río Misisipi.

Los cereales perennes ayudarían con todos estos problemas. Mantendrían el suelo cubierto, reduciendo la erosión y la necesidad de pesticidas; sus raíces profundas estabilizarían el suelo y harían a los cereales más adecuados para las tierras marginadas. “Las plantas perennes capturan agua y nutrientes a 3 ó 3.6 metros de profundidad en el suelo, once meses del año”, recalca Glover. Las raíces profundas y la cubierta vegetal también conservarían los fertilizantes, reduciendo el costo para el agricultor y el medio ambiente.

Los cultivos perennes se convirtieron a pesar de sus ventajas en la senda ignorada. Pero varios equipos de científicos trabajan ya en su desarrollo. Wes Jackson, cofundador y presidente del Instituto de la Tierra, con sede en Salina (Kansas), lleva promoviendo esta idea durante décadas. Nunca ha contado con un gran apoyo económico, pero sus fitogenetistas ya están cruzando cereales modernos con parientes perennes silvestres; y tratan también de domesticar las plantas silvestres de forma directa.

El híbrido perenne trigo-pasto de trigo que crece en el Instituto de la Tierra ya puede convertirse en harina. La producción es muy baja para competir con la producción anual en Kansas, pero tal vez no con la de Nepal, que tiene pendiente más pronunciadas y un clima más riguroso, y donde un investigador ya prueba híbridos perennes en parcelas pequeñas. Quizá estamos a décadas de distancia para ver campos de cereales perennes, pero la secuenciación barata del ADN permite que los fitogenetistas trabajen más rápido que antes. Como indica Buckler, con una parte pequeña de los miles de millones que cada año se gastan en la investigación del maíz podría crearse uno perenne que pueda probarse en el campo en apenas diez años. "Debemos tener la oportunidad de revolucionar la agricultura", concluye.

Fuente:

Cereales: una solución perenne



 

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